“APRENDER A VIVIR EN LA PAZ DE CRISTO”

Juan 20, 19-31

 

Estimados amigos:

Bienvenidos a nuestra cita semanal para celebrar juntos, el día del Señor.

Hoy, la Iglesia presenta para nuestra consideración y reflexión comunitaria al evangelista San Juan, en el capítulo 20. En este pasaje evangélico, asistimos a un momento de constatación del hecho más central y al mismo tiempo increíble de la historia de la humanidad. Aquel maestro venido de Nazaret que fuera ajusticiado en una cruz, ha resucitado y vive y lo han visto muchos de los que lo conocían

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“Paz a Ustedes. Así como el Padre me ha enviado, así también los envío yo

Trae en sus manos un mensaje de paz. Un hombre que había recibido insultos golpes y todo tipo de maltratos, se presenta ahora sin llevar un corazón resentido ni vengativo, sino, al contrario, llevando una palabra de PAZ. Era el momento de mirar al futuro, de dejar todo establecido hasta el final de los tiempos. Es el momento más trascendental de la historia de la humanidad cuando el plan de salvación iba a comenzar a ejecutarse gracias a la colaboración de algunos hombres sencillos y humildes de Galilea. Y el lanzamiento de la operación, el envío, era hecho con la fuerza de la paz. No era un envío en medio de la angustia, la desesperación, el sabor a fracaso. No. Salían los discípulos al mundo llevando y recordando las últimas palabras del maestro. La Paz sea con Uds. Ocurra lo que ocurra en el camino, debían sentir la voz del maestro que les decía: “La paz, la paz este contigo”. No cabe duda, que era este un envío sobrenatural. Así como el Padre lo había enviado a Jesús, así, de la misma manera El enviaba ahora a sus amigos. El medio en el que desenvolverían su tarea sería este de la paz.

Qué importante es, por tanto, aprender a vivir en la paz dejada por Jesucristo para poder llevar adelante la tarea confiada por el maestro. Es por eso, que cuando el enviado de Dios llega a un lugar para realizar su misión evangelizadora, lo primero que tiene que dar a ese lugar, y a esas personas, es la paz. Es el primer paso para poder transmitir el evangelio. Sin comunicar esta paz de Dios, no se puede evangelizar.

Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos, si no meto la mano en su costado, no creeré.

Si no veo, no creo. Las cosas que me dicen no las creo. Yo mismo tengo que experimentar para poder convencerme. Hay ahora tanta necesidad de creer en lo que me dicen, que sería imposible el poder hacer una comprobación personal de todo lo que nos dicen los medios de comunicación. Y por eso, nos fiamos de lo que ellos nos dicen. Pero, cuántas son las cosas que nos dicen los medios y no son verdaderas ó al menos, no son tal cual como nos las dicen. Muchas veces sentimos el deseo de decir como Tomás, mientras no lo vea no lo creo. Esta es pues una actitud muy natural.

Pero, en las cosas reveladas por Dios la situación es diferente. No significa que nuestra fe sea sin ningún fundamento, pero en las verdades reveladas por Dios no pueden ser medidas y evaluadas con los mismos instrumentos científicos y racionales con los que medimos y evaluamos los acontecimientos naturales. Porque las cosas de Dios llegan no a los sentidos sino a la experiencia profunda del hombre. No podemos esperar, a no ser por una permisión extraordinaria de Dios, que nuestros sentidos físicos sean los que capten las realidades divinas, sino que es el sentimiento interior el que hace posible captar la voz y presencia de Dios.

Muchos otros signos que no están escritos en este libro hizo Jesús a la vista de los discípulos,

y muchos otros sigue haciendo delante de los discípulos de ahora. El Señor sigue actuando a la vista de nuestros sentidos espirituales. El mismo amor que motivó al Señor a hacer aquellos signos, es el que ahora le motiva seguir actuando. Si cada uno de nosotros fuese consciente de todos los signos que Dios ha actuado en nosotros desde ya antes de nuestro nacimiento, sin lugar a dudas que nos faltarían los libros para narrarlos y describirlos. Por eso, aunque no los recordemos ni seamos conscientes de ellos, podremos siempre decir como el evangelista, “muchas otras cosas ha hecho Dios en mi vida de las que yo ahora doy gracias y se que si El ha estado actuando en mi vida hasta ahora, lo seguirá haciendo en el futuro.

Y ahora viene lo más importante

Y, bien amigos, así terminamos la breve reflexión sobre el Evangelio de este Domingo

Pero ahora viene tu encuentro personal con el Señor Jesús. Toma el Evangeliko en tus manos y escucha lo que el mismo Señor resucitado te quiere comunicar.

Quédate, pues, ahora a solas con Él.

Agradecemos muy sinceramente el haber estado con nosotros,

Y nos despedimos hasta el próximo domingo en esta misma emisora.

One Response to “Comentario al Segundo Domingo de Pascua - “B””

  1. javier el autor says:

    me parece muy interesante, adelante

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