¿QUIENES SON LOS QUE SE SALVAN?

 San Lucas, 13, 22 al 30

ESTIMADOS AMIGOS:

Bienvenidos a nuestro encuentro dominical para celebrar juntos el Día del Señor. Hoy, junto con toda la Iglesia, celebramos el domingo vigésimo primero del tiempo ordinario.

Una vez más el Evangelio nos viene a despertar de nuestra pereza y comodidad…

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Nos hemos olvidado de algo fundamental en la vida cristiana: no nos gusta el riesgo, la aventura, la vida heroica, y nos em­peñamos en caminar siempre por lo fácil y de entrar por puertas amplias por las que cabe todo.

Pero hoy viene el Señor, y nos previene:

- ¡Atención, con esa vida que es peligrosa! Hay que ser un poco más valientes!…

La ocasión para este consejo fue la pregunta de uno, mientras Jesús camina hacia Jerusalén, en donde le esperaba la cruz:

- Maestro, le dijo, ¿son muchos o son pocos los que se salvan?

¡Cuánto nos hubiera gustado haber tenido una respuesta clara de Jesús! Pero Él no quiso responder y se limitó a decir:

- ¡Esfuércense por alcanzar la salvación!

Si Él hubiera dicho: Son pocos, muy pocos los que entran en la vida eterna…, nosotros nos hubiéramos sentido pesimistas, acobardados, y nuestra vida hubiese sido una tortura.

Pero si, por el contrario, Jesús hubiera dicho: Se salva la mayoría, que para eso he venido yo al mundo…, nosotros entonces hubiéramos to­mado la vida en broma, o poco menos.

Porque, no es raro oír expresiones como ésta: ¿Mis pecados? Sí, son muchos y graves. Pero, ¡Jesús pagó por mí, y la salvación la tengo se­gura!

Quienes así piensan y hablan, dejan todo al Señor y no aportan ellos esfuerzo alguno.

Queramos o no, pues, nuestra actitud hubiera sido, o de desesperación, pensando que no hay nada que hacer y que todo está perdido, o de frescura y de temeridad, pensando: ¿Para qué molestarse? Jesucristo lo ha hecho todo. Me basta mi fe en Él.

Al pensar y al actuar así, hubiésemos tenido o una vida atormen­tada, o una salvación en grave peligro.

Pero ahora viene Jesús, y, con mucha prudencia y bondad, responde a la pregunta, indicándonos solamente cuál debe ser nuestra actitud:

- Esfuércense en entrar por la puerta estrecha, porque les aseguro que muchos querrán entrar allí, pero no lo conseguirán. Al llegar el dueño de la casa, cerrará la puerta y los que se hayan quedado fuera comenzarán a golpearla diciendo: ¡Señor, ábrenos!… Pero él responderá desde dentro: No les co­nozco, ni sé de dónde vienen. ¡Lejos de aquí!. Entonces vendrá el llanto y el rechinar de dientes.

Y a los que ponen toda su seguridad en la fe que tienen en Jesucristo, sin aportar su propio es­fuerzo, les advierte el mismo Señor:

- Algunos vendrán diciéndome: ¡Señor, Señor, acuérdate que hemos comido y bebido contigo en la misma mesa y te hemos escu­chado cuando nos hablabas en nuestras plazas!… Pero Él les responderá: Les repito, que no sé quiénes son Uds. ni de donde vienen.

¿Se muestra Jesús con una actitud demasiado dura y rigurosa al hablarnos así? ¿No tendremos más bien que agra­decerle el habernos prevenido con tiempo para evitar la catástrofe?…

En la última Guerra Mundial, en un frente muy arriesgado, estaban los jefes del Estado Mayor comiendo, bebiendo y pasando la noche muy divertidos… Un oficial no quiso interrumpirles la fiesta, y no dijo nada ante lo que sus ojos veían. El ataque vino de sorpresa, y murieron la mayoría de aquellos despreveni­dos, se deshizo el frente, y el enemigo conquistó posiciones muy estratégicas.

En este problema de la salvación, que nos plantea el Evangelio de este Domingo, tenemos clara la doctrina de la Iglesia, sacada toda de la Palabra de Dios.

Nuestra salvación depende de dos causas: de Dios y de nosotros.

Dios nos llama y nos da la salvación, pero nosotros debemos aceptarla co­laborando con la acción divina.

La salvación es como la bicicleta, que tiene dos ruedas, tan importante es la de delante como la de atrás. No hay miedo de que falle esa rueda que es Dios; pero puede fallar la otra rueda que somos nosotros…

Hubo tiempo en el que este tema de la salvación preocupaba mucho a los creyentes. Quizá con exceso, como si Dios tuviera determinada la perdición de muchos. Eso es falso. Dios quiere nuestra salvación, ¡y la conseguiremos con su gracia y ayuda! Pero ahora corremos el peligro contrario: no nos preocupa este problema, el cual, sin embargo, es el problema número UNO que tenemos que resolver…

 

Y AHORA VIENE LO MÁS IMPORTANTE

 

Y BIEN AMIGOS, así terminamos nuestro breve comentario a la liturgia de este domingo…

Pero ahora viene el momento más importante: tu encuentro personal con el Señor Jesús.

Te invito, pues, a tomar el texto del evangelio en tus manos: San Lucas, Capítulo 13, versículos del 22 al 30, y trata de escuchar lo que el Señor Jesús, a través de él, te quiere comunicar:

Te agradezco muy sinceramente haber estado con nosotros,

Y nos encontramos el próximo domingo en esta misma emisora.

 

 

 

 

7 Responses to “Comentario del Domingo 21º del Tiempo Ordinario - Ciclo “C”

  1. mirta says:

    MI QUERIDISIMO PADRE JAVIER, COMO ESTA USTED? YO ESPERO QUE ESTE BIEN Y CON LA BENDICION DE DIOS EN TODO MOMENTO, POR ESO DECEO QUE EL SENOR LO BENDIGA EN TODO MOMENTO. AHORA BIEN LA PREGUNTA ES QUIENES SON LOS QUE SE SALVAN, BUENO ESA RESPUESTA SOLAMENTE LA TIENE EL QUE ES TODO PODEROSO POR LO TANTO DE ACUERDO CON SUS ENSENANZAS YO DIRIA AQUEL QUE NUNCA LO A OFENDIDO DIGO YO, OSEA ESO ES LO QUE YO PIENSO EN MI MENTALIDAD HUMANA QUE ES MUY CHIQUITA Y PEQUENA DELANTE DE LA RESPUESTA DEL QUE ES ALTISIMO, YO DIRIA COMO DECIA EL PADRE PIO ORA CON FE Y NO TE PREOCUPES! BUENO MIS QUERIDOS HERMANOS DIGO YO QUE SI ERES ALGUIEN DE ALMA LIMPIA DELANTE DE LOS OJOS DE DIOS, SI ERES BUENA Y NO PECAS CON TU CUERPO O CON TUS OJOS Y CON TU MENTE DIGO YO Y CON ESA FE GRANDE EN DIOS, ENTONCES HACES EL BIEN SIN MIRAR A QUIEN DIRIA YO Y SI LE PIDIERAMOS PERDON Y MISERICORDIA POR NUESTROS PECADOS ENTONCES EL NOS PERDONARIA DE CORAZON Y TENDRIAMOS AMOR DE EL EN NUESTROS CORAZONES Y TUVIERAMOS SIEMPRE COMUNICACION CON EL ENTONCES ESTARIAMOS EN EL CAMINO MAS O MENOS CORRECTO OPINO YO, PERO SIEMPRE HAY QUE PEDIRLE AL SENOR PERDON Y MISERICORDIA PARA QUE EL POR SU GRAN MISERICORNIA NOS PERDONE
    PORQUE EL CAMINO A EL NO ES FACIL PERO SI SOMOS BUENOS CRISTIANOS TRATAMOS DE HACER LO MEJOR QUE PODAMOS PARA ALCANZAR LA VIDA ETERNA.

    ESA ES MI OPINION AL RESPECTO.
    BUENO AHORA ME DESPIDO MUCHAS GRACIAS POR ESTA OPORTUNIDAD DE PODER EXPRESARME
    Y DEJAR DICHO LO QUE PIENSO Y SIENTO, QUE EL SENOR ME LOS BENDIGA AHORA Y SIEMPRE.
    CARINOS
    MIRTA.

  2. EDGARDO BELAUNDE says:

    Estimado Javier:
    Los que se salvan son todos aquellos que cumplieron con los mandamientos y siempre pensando que si caminamos juntos durante el tiempo de nuestra vida terrenal con Dios. Es decir estamos juntos permanentemente; el Señor nos apoyará y nos cubrirá de bendiciones hasta el final de nuestros días.
    Un gran abrazo Edgard

  3. Azucena says:

    Buen dia Padre Javier, que evangelio tan bello nos regala el Señor Jesus para este domingo, para mi se salva todo el que hace la voluntad de Dios, aquel que con frecuencia se confiesa, continuamente participa de la eucaristia, trata cada dia de no ofenderle con sus acciones, hay que agradecer a Dios cada dia por esos mandamientos que nos dejo que bueno es meditarlos y hacer un examen de conciencia desde que amanece hasta que anochece el nos creo libres pero todo depende de cada uno, lo que quiera escoger para su vida que es corta en este mundo pues solo contamos con el hoy, el camino ancho del mundo donde hay tristeza y dolor o el angosto donde hay gozo y alegria a traves de su espiritu santo. Azucena, de Comayagua Honduras

  4. teresa says:

    hola Padre Javier, me da muchísimo gusto volverlo a saludar.
    El evangelio de hoy es muy diciente y nos obliga a permanecer siempre firmes y alertas en no desfallecer en nuestra fe, a pesar de los continuos ataques del enemigo, siempre colocándonos las tentaciones y los mensajes para desviarnos de nuestro camino, mi deseo es siempre amar mucho a mi Señor y cumplir sus mandamientos.
    Un abrazo. Teresa.

  5. ada says:

    Entrar por la puerta estrecha significa que debemos acercarnos a Dios por el sacrificio, la humildad, la sencillez, la fe, y si entramos por esta puerta Nuestro Señor nos acogerá con sus brazos abiertos. Hermanos vamos a hacer méritos con nuestras buenas obras y buena conducta, desde ahora tenemos que hacernos pequeños para poder entrar en ese reino que esta reservado para los que se hacen niños, según JESÚS NOS DICE. Amén, que el Señor nos bendiga.

  6. macavel says:

    Si tenemos a cristo en nuestro corazón y sabemos aceptar las tribulaciones de esta vida todo por amor a dios entramos por la puerta estrecha, veremos la gloria de Dios, por eso yo bendigo mi enfermedad, el dolor el sufrimiento, y le pido a Dios que ayude a vencer las tribulaciones y no caer en tentación para no caminar por la puerta ancha que nos lleva a la perdición. Padre Javier ayudame en tus oraciones a crecer en la fe y nunca desfallecer. Dios lo bendiga y la luz del espiritu santo lo siga iluminando para llevar el mensaje de amor a todos los hogares del mundo. abrazos.

  7. Danilo Villalobos says:

    Ninguno de nosotros seres pecadores y limitados por esa misma condición, puede definir o asegurar lo que no le es de su conocimiento, la salvación del alma y del ser como tal solo la Santísima Trinidad la conoce y la puede, el gran poder de Dios es en su inmensa e infinita Misericordia, quien puede darnos la salvación porque aun aquellos que a ultima hora se arrepienten, han conseguido el perdón de sus pecados, según la palabra de Dios, lo que si les puedo expresar es que en la medida de que seamos sinceros con nosotros mismos, con nuestros semejantes y para con Dios, observando en la medida de lo posible e imposible los Mandamientos del Altísimo, ser consecuentes con nuestros semejantes y para con la creación, en esa medida podremos lograr ser salvos y poder entregar mejores cuentas a Dios. Roguemos todos al Señor, para que por su infinita Misericordia y por el poder de su sangre derramada en la Cruz, pueda tener piedad de toda la humanidad y de aquellos de nosotros, quienes han compartido ya la muerte de Jesucristo, compartamos todos su resurrección Amen, Amen, Amen.

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