DOMINGO XX DEL TIEMPO ORDINARIO - B
Escrito por: jsanmartin en COMENTARIOS A LA LITURGIA DE LOS DOMINGOS¿Vamos a comer el cuerpo de Jesús?
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San Juan 6, 51 al 58
Domingo 16 de agosto 2009
Estimados Amigos, Bienvenidos a nuestro encuentro dominical para celebrar juntos el Día del Señor.
Hoy celebramos junto con toda la Iglesia el DOMINGO VIGÉSIMO DEL TIEMPO LITÚRGICO.
Seguimos acompañando a Jesús en aquellas jornadas históricas en la Sinagoga de Cafarnaún. Jesús siente que ha llegado el momento de dejar bien en claro su existencia algo misteriosa para los demás. Y abiertamente les dice a aquellos judíos que lo escuchaban atentamente: “Yo soy el pan vivo”. Jesús se declaraba como un alimento, pero no como ocurre con las carnes de animales que los judíos comían luego de matar al animal y de cocinar su carne. En este caso Jesús, sorprendentemente, se declaraba pan, pero vivo. Más aún, para que no quepan dudas sobre el origen de este pan, Jesús señala que este pan no es de la tierra sino que viene directamente del cielo. Una afirmación audaz sobre su persona nada fácil de asimilar.
Escuchar esto de labios de Jesús me producía una verdadera turbación. Yo había empezado a quererlo y a apreciar mucho sus discursos, sus intervenciones con la gente, su lucha contra el mal. Cada vez descubría en El una persona extraordinaria, muy diversa de tantos que se proclamaban maestros y profetas. Pero esta vez sí que me quedé verdaderamente confundida. Empezó ahora a proclamar que Él era pan, y que este pan era su cuerpo, con el cual debíamos alimentarnos. Nunca había escuchado a nadie hablar de esa manera. Empezaba ahora a tener ciertas dudas sobre su salud mental. ¿No le estaría fallando la cabeza a este buen maestro? Ahora se creía que era un pan. ¡Qué cosa!
Los judíos que lo escucharon decir esto no estaban menos sorprendidos. ¿Qué se ha creído este hombre? decían. ¿Este piensa que nos lo vamos a comer? ¡Ni que fuéramos antropófagos! ¡Cómo nos vamos a comer a una persona y todavía viva! Los comentarios de los judíos eran pues muy justificados porque jamás nadie había venido con estas ideas. Pero el problema con este auditorio, es que aún no habían logrado captar el sentido del sacrificio y del banquete divino. Hasta ahora los sacrificios y banquetes litúrgicos se hacían sacrificando algún animal, pero ahora el plan de Dios era que la víctima del sacrificio y el manjar del banquete fuera el mismo Jesucristo. Una idea inaceptable desde el punto de vista humano, pero lo más lógico desde el punto de vista divino. Porque el deseo de Dios es hacerse carne de nuestra carne y sangre de nuestra sangre, en una comunión total.
Siento que para palpar este misterio del pan de vida el único sitio en donde lo podremos comprender es en el mismo corazón de Dios. Tal es el amor que este corazón tiene por nosotros, que quiere transformarse en nosotros y que nosotros nos transformemos en Él. Es la fusión total de dos seres que se aman. Cuando vemos a los demás con los ojos del corazón, sentimos el anhelo de entrar en su corazón y ver todo desde la perspectiva de la persona que amamos.
Si no vemos esta enseñanza de Jesús desde la óptica del amor, nunca la comprenderemos. Por esto Jesús se dirige especialmente a aquellos que lo aman y lo amarán. Señores, les dice, el que coma de este pan vivirá para siempre. “El pan que yo daré es mi carne”, para que el mundo tenga vida. Y para que no hayan dudas, Jesús refuerza su mensaje, pensando siempre en los que escucharán con amor: Les asegura que “Mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. El que la come, habita en mí y yo en El y tendrá vida eterna y yo lo resucitaré en el último día.” Aquí pues estaba en juego el futuro de cada persona y de la humanidad. Jesús hacía depender todo de su cuerpo y de su sangre. Todo estaba en El, porque Él es la salvación de todo, la única salvación.
Señor Jesús, ¿Qué cosa puede haber más grande sobre la tierra que tu propio cuerpo y tu propia sangre, alimento vivo que nos da la salud eterna? En vano me esfuerzo en comprender esto con mi mente, porque es solo con el corazón que se intuyen las grandes verdades de nuestra existencia. Al escuchar hoy Señor que tu quieres dar tu cuerpo y tu sangre, lejos de apartarme de ti, siento deseos de acercarme más. Se que quieres vivir en mí hasta darme la vida eterna. Quiero yo también Señor, vivir en ti hasta la vida eterna.
Y AHORA VIENE LO MÁS IMPORTANTE
Y bien, amigos, así terminamos esta breve reflexión dominical.
Pero ahora viene el momento más importante: tu encuentro personal con el Señor Jesús.
Toma el texto del evangelio en tus manos, San Juan, capítulo 6º, versículos del 51 al 58, y trata de sentir lo que el Señor te quiere comunicar.
Cecilia Mutual y el Padre Javier San Martín, agradecemos muy sinceramente tu presencia,
y nos despedimos hasta el próximo domingo en esta misma emisora.

Entradas (RSS)
August 15th, 2009 a las 8:11 pm
Estimado Javier:
Realmente NO es fácil entender, el separar la parte material ( física) de lo espiritual (divino); si nuestro entendimiento se basa en los cinco sentidos puramente materiales. Ellos(los sentidos) son el medio por los cuales comprendemos y nos entendemos con la pura naturaleza en sus interrelaciones y consecuencias…
La otra parte (espiritual) solamente la entenderemos por medio de la función cerebral basada en los valores y normas aprendidos y cultivados en la vida, através del tiempo y del conocimiento de la palabra de Dios. No hay peor sordo que el que no quiere escuchar, ni peor necio que el que niega la evidencia divina en todas sus manifestaciones expresadas en la liturgia, para entender esto es necesario poner toda nuestra buena voluntad y entendimiento al utilizar la palabra de Dios en toda su profundidad para nuestra salvación, ofrecida durante toda su vida y entregada por el mismo JESÚS en el calvario.
El que no COMA su Cuerpo y no BEBA su Sangre (espitualmente hablando durante la comunión) no tendrá vida eterna al lado de DIOS en la resurrección después del JUICIO FINAL.
Qué gran alegría… el saber que podemos disfrutar de la felicidad tan anhelada por la humanidad y entregada por el mismo Jesús, por toda una eternidad. Solamente através del hijo llegaremos al padre.
Un gran abrazo y feliz día de Arequipa. Edgard
August 15th, 2009 a las 10:22 pm
Como bien dices, caro Javier, en la transubstanciación todo es materia de fe. Imagínate los debates causados con este motivo y plasmados en la célebre pintura de Rafaél “La disputa del Santísimo Sacramento” (1509) o el de Agostino Ciampelli “Adoración de la Eucaristía” de la misma época y que se zanjaron de un lado con la dogmática y del otro con las muy numerosas disidencias que dieron lugar a tantas sectas cristianas multiplicadas al infinito entonces en Europa y luego aquí en Yanquilandia e incluso en el Perú, por ejemplo, con la secta del Pacto Universal que tiene muchos adeptos en los Andes (en mi trabajo de campo en Puno, Ayacucho, Cajamarca, etc. conocí a no pocos de ellos). Leí hace tiempo un libro importante sobre el juicio de Galileo (rehabilitado por Juan Pablo II) ante la Inquisición vaticana por el historiador Pietro Redondi titulado “Galileo herético” donde se demuestra, a la luz de nueva documentación de época, que el debate de fondo en su juicio no fue el de su adhesión al sistema copernicano de los planetas sino, precisamente, al hecho de que en sus tesis sobre los que llamaba “átomos sustanciales” Galileo dejaba entrever una posición disidente frente a la transubstanciación. Actualmente todo ello a puesto en tela de debate académico uno de los pilares de la dogmática católica que, esperemos, no salga de las facultades de teología en las universidades europeas. El teólogo Kuhn sacó las uñas en la materia y es precisamente so capa de tratar asuntos intrascendentes (que sin embargo fueron los que causaron la cólera de los musulmanes) que Benedicto XIV tuvo su famoso discurso un una universidad alemana. En realidad fue una llamada al orden en la materia.
En fin, ahí van a dar esos datitos que desde luego no mellan nuestra creencia de base. Un cordial abrazo de
Enrique.
August 16th, 2009 a las 9:35 am
Vamos a comer el cuerpo de Jesus?
Hola padre Javier & cecilia, muy buenos dias para ustedes, y cada uno de los que participaran en los comentarios!!!! De la reflexion de la liturguia de la palabra.
Que alegria siente hoy todo mi ser al sentirme tan amada por mi buen Jesus!!!!
Que manera tan unica de Jesus para probarme su inmenzo amor. Se muy bien que el al decidir darme su cuerpo como verdadera comida, y su sangre como verdadera bebida. El queria que atravez de mi esencia y su esencia nos complementaramos y Yo. Ya no fuera Yo. Y El Ya no fuera, El Sino que formaramos un solo cuerpo para el bien de toda la humanidad.
que bonito que puedo asimilarlo y aceptarlo con los ojos de la fe!!!!
Gracias padre por su amor y su tiempo para hacer esta bella y unica reflexion. La verdad es que para mi.
Cada que escucho la reflexion siento que el gran Jesus me habla atravez de ustedes.
Que tengan feliz inicio de semana. Con amor conciencia: Rosa Maria
August 16th, 2009 a las 10:12 pm
Muchas gracias Javier por compartir este tema como los muchos otros que recibiré.
Sin amor al Señor en nuestros corazones no podríamos sobrevivir con dolor-alegría los sufrimientos a los que nos enfrentamos.
Que el amor del Señor siempre haga brillar su corazón, mente y acción.
Bendiciones,
Ana
August 17th, 2009 a las 10:38 am
Un saludo afectuoso Padre Javier.
A mi punto de vista, a las personas de ese entonces les costaba entender esas palabras de Jesús, porque no sabían aún que Él resucitaría. Nosotros lo entendemos mejor, porque Jesús es la Vida y queda claro en su Resurrección. Por eso, quienes ahora tenemos la dicha de entenderlo, debemos llenarnos de ese Pan de Vida que Dios nos ha regalado a través de su Hijo. Ese Pan vivo nos revitaliza, para que podamos hacer frente a las dificultades y males de estos días difíciles.
August 17th, 2009 a las 11:40 am
Gracias, Javier. Estamos de EE y eso viene muy bien. Leandro
August 17th, 2009 a las 11:48 am
Bueno con mucho gusto…
August 17th, 2009 a las 4:02 pm
Hola, Javier. Ahí va mi comentario. Y lo titulo: ”Jesús, nuestro alimento”
Voy a centrarlo en la Eucaristía. Para mí, y en algún tiempo, no sabía alimentarme espiritualmente del sacramento por excelencia, la Eucaristía. Se presta a la monotonía, que tanto los que participamos como fieles, y el sacerdote que la preside, ambos, podemos caer en esa tentación. Se trata de alimentar nuestro espíritu, en actitud de oración, cada una de las partes principales de la Misa y en su conjunto.
- En primer lugar, la Eucaristía es una acción de gracias. Todas-os tenemos muchos motivos para agradecer al Señor, lo bueno lo malo y lo feo de nuestra vida diaria. Orar es hablar con Dios, de todas esas cosas que vivimos.
- Comenzamos la Misa pidiendo perdón por nuestros pecados. Es un gran momento para reconciliarnos con Dios, antes de comenzar los sagrados misterios de su vida, que deseamos sea nuestra vida.
- Ofertorio y consagración. Nuestra vida, la de hoy, y la de cada día, ofrecida a Dios, junto con el sacerdote que preside, y unida al sacrificio de Cristo en la cruz. Las alegrías y tristezas, los éxitos y los fracasos forman parte importante de nuestra vida. Y esto, ofrecido al Señor, diariamente, es un magnífico alimento de identificación con Cristo.
El banquete, la comunión. Esto es mi cuerpo, ésta es mi sangre… misterio de Dios poco o nada comprensible a nuestra mente humana. Primero, comer y beber el cuerpo y sangre de Cristo. Segundo, y esto sí es más asequible, fusionar-unir la vida de Cristo a la nuestra, para identificarnos más con Él.
La paz. La paz esté con Uds., dense la paz, mi paz les dejo, mi paz les doy, pueden ir en paz. ¡Cuánta paz necesitamos. Cuánta paz necesito yo diariamente para pensar, hablar y obrar a la manera como Jesús se nos manifiesta en su vida, en los evangelios!
Conclusión. La Eucaristía diaria o semanal es el gran alimento para nuestra alma, y para nuestro cuerpo. Pido a Dios, a Jesús Resucitado, viva en mí, para que sea Él quien obre en mí.
Javier, pido a Diosito te siga dando entusiasmo para prender muchos fuegos, que a su vez, incendiarán multitudes. Un abrazo,
Pedro
August 17th, 2009 a las 4:06 pm
Padre Javier San Martín: Paz y Bien.
El día de ayer tuvimos la gran oportunidad de pasar la evangelización a través de el canal digital 56.2 las 24 horas al día en la zona de Los Ángeles, Ca., de Orange, San Fernando Valley, Long Beach, etc…
August 25th, 2009 a las 6:09 pm
Estimado Javier:
Ensayarè un comentario, aunque el tema como decimos por nuestra tierra es muy peliagudo.
En 1973, cuando hice el cursillo de cristiandad en el Callao, nos pasamos toda una noche con el teòlogo del grupo discutiendo el tema. y no me convenciò. La transubstanciaciòn no me convencio. Tuvieron que pasar algunas décadas, para que comenzara a entender el tema. En principio si pretendo ver la transubstanciaciòn, sòlo como fenómeno físico, para mí no tiene sentido. y lo que la historia señala que dijo Jesus resulta muy audaz e incomprensible. Pero sì yo me atrevo a pensar que la forma de la propuesta de Jesus, tiene un trasfondo: El entra en uno y uno entra en El. Traslado el fenòmeno al àmbito anìmico, espiritual y entonces sì le encuentro sentido. La razòn de nuestra vida es regresar y ser uno con el creador. Para ello El tiene que entrar en mi y yo tengo que entrar en El. Debe ser una reintegraciòn del alma y del espìritu con Dios y al final confundirse.
Lo difìcil es que aunque tenemos las recetas para lograr esto, a veces no sabemos y peor aún, a veces no queremos aplicarlas. Claro en el mundo que nosotros mismos hemos creado, eso es tan difícil, pero no imposible. Por eso también es verdad que a Dios, sólo llegan los violentos.
Un fraternal abrazo.
Juan Manuel
August 28th, 2009 a las 2:22 pm
Padre Javier, bonito comentario. Yo me sorprendo en cada Santa Misa la falta de concurrencia a la Comunión, ¿o es que los católicos no estamos seguros de que Nuestro Señor Jesus esta en cuerpo, alma, sangre y divinidad en la Santa Hostia? A las capillas de adoración les hace falta adoradores. Hermanos católicos, tenemos que redescubrir este gran tesoro de nuestra Iglesia Católica, promesa de Nuestro Señor Jesus. Dios lo bendiga, Padre Javier.