EL “MARDI GRAS”
El carnaval en el sur de los Estados Unidos es una de las fiestas más coloridas y populares, que convoca multitud de jóvenes, adultos y niños. Durante todo un mes, la ciudad se engalana de verde, oro y púrpura, colores oficiales del carnaval, y las calles se llenan de alegría con numerosos desfiles de carros alegóricos, bandas de música, danzas, etc. En carros alegóricos, bellamente preparados con derroche de decoraciones, las comparsas hacen su recorrido de dos horas o más y, a pesar de las muchas dificultades que tienen que enfrentar, el número de carros participantes no baja de los doscientos.

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Es un espectáculo ver a la gente participando en estos desfiles. Digo “participando” porque no van simplemente a mirar los carros, sino que van a “pescar” los diversos objetos que los carros alegóricos van tirando a su paso. La gente alborozada levanta los brazos y con agudos gritos atrae la atención de los que van en los carros alegóricos para que les “tiren” los diversos objetos que ellos llevan: collares de colores, turroncitos dulces, animalitos de felpa, golosinas, los tradicionales “mum pies”, etc., etc. Y estos objetos hay que cogerlos “en el aire”, ya que si caen al suelo pierden todo su encanto y, si estas distraído, puedes correr el riesgo de que algún collar u objeto te caiga encima.

Precisamente, la posterior evaluación del desfile se hace, tanto por la presentación de los carros y de sus integrantes, como por la cantidad de objetos que “tira”.  b-floats-from-the-zulu-438583253dae1.jpg.

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Por la noche, las comparsas que han desfilado durante el día ofrecen a sus amigos y asociados un baile, con gran derroche de comidas, bebidas y obsequios. Los varones asisten con elegante traje de etiqueta y las damas con vestidos de fiesta de colores y modelos muy atractivos. La presentación de la “tarjeta de invitación”, a veces muy sofisticada, se hace de rigor.

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La primera parte de este baile se dedica a rendir “honores” a los Reyes de la Comparsa quienes, al son de brillantes y triunfales trompetas, ingresan con su corte a la sala de baile, adornada con coloridos motivos y psicodélicas luces. Merece especial atención la gran capa que los monarcas llevan, de tres a cuatro metros de largo por dos y medio de ancho, de gran belleza por el arte de los bordados, adornos y originalidad.  Cabe mencionar que aquí en la ciudad de Mobile hay un “Museo de Carnaval” en donde se conservan preciados recuerdos de anteriores carnavales entre los que figuran hermosas capas de bellísima confección.

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Diversos grupos, luciendo coloridos disfraces y máscaras rinden homenaje a los “monarcas” que desde sus tronos observan toda la ceremonia. Luego de singulares venias de respeto, los grupos descienden al área de baile y ejecutan pasos de estilo libre, al ritmo de una música alegre que motiva la festiva risa de los espectadores.

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Terminado este homenaje jocoso solemne, se abren las puertas del área de comidas, en donde decenas de habitaciones de regular tamaño, adornadas con mucho gusto, ofrecen una variada selección de comidas, bebidas, postres, etc.; algo de fábula. La numerosa concurrencia, que bien pueden sumar varios cientos, va pasando de una habitación a otra, y a otra, y a otra… Cuando ya por fin se sienten satisfechos y “cargados” de bebidas espirituosas, regresan al salón de baile en donde se dan al ritmo, al son de modernos temas musicales, hasta avanzada la noche o a las luces del amanecer.

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El día último de las fiestas de carnaval es el “Martes Gordo” o “Mardi Gras”. Los desfiles en este día se tienen desde la mañana hasta entrada la noche. Prácticamente toda la población se vuelca a las calles y algunas familias, desde la noche anterior, se “trasladan” a los parques o aceras por donde pasarán los desfiles, para “pasar” allí todo el santo día. Llevando tiendas de campaña, sillas plegables, implementos de cocina y mucha comida y bebidas, llegan la noche anterior o al despuntar del día, para “coger sitio”. Es un espectáculo pintoresco ver tantas familias reunidas alrededor de fogones de latón, cocinando carnes y otros alimentos, y dando cordial bienvenida a amigos y conocidos que pasan a saludarles. Aquí bien se puede aplicar la palabra propia de este día: “carnaval”, es decir, el último día de comer “carnes”, antes que empiece la cuaresma.

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Pensé yo también participar en la última noche de carnaval. Con elegante traje negro, camisa blanca y collares oro, verde y púrpura, salí en busca de las fiestas programadas para aquella noche, sin saber lo sorpresa que me esperaba. Me dirigí al Centro Cívico, lugar donde con frecuencia se realizan estas actividades, pero me encontré que estaba cerrado, vacío y en silencio. ¡Qué cosa más rara!, me dije. Me dirigí entonces al Centro de Convenciones, donde también se suelen realizar este tipo de actividades, pero, igual, me encontré que el lugar estaba cerrado, vacío y en silencio. Vi entonces un tercer lugar iluminado, pero, a igual que los anteriores, estaba cerrado, vacío y en silencio. En ese momento las calles, que hacía pocas horas estaban abarrotadas de gente, con música, carros alegóricos y fiesta, se encontraban ahora vacías y en silencio.

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¿Qué hacer? En mi duda y desorientación, decidí ir a preguntarle al Señor, para lo que me dirigí a la Catedral, la que estaba cerrada, pero el Señor sí estaba dentro. Estacioné mi carro delante de la puerta principal, junto al parque, que también estaba en silencio y le pregunté al Señor. - “¿Qué quieres que haga? ¿Quieres que vaya aquí, allá, o allá, o más allá…? No esperé mucho la respuesta ya que pronto sentí que el Señor me decía, “No, quiero que te quedes aquí conmigo”.
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Yo no había pensado en esa alternativa. Mientras muchos en ese momento estarían bailando, comiendo, bebiendo…haciendo carnaval, yo, con mi elegante traje de noche, decidí quedarme a solas con el Señor, para acompañarlo, para que no se sintiera solo, en un momento en que tal vez muy pocos pensarían en Él. Sentí una extraña alegría de hacerlo, estar acompañando al Señor en el silencio de la noche y del parque. Fue un momento profundo, de silencio, los dos solos, Jesús y yo. Un encuentro de amistad en medio de la noche, de las luminarias, de la música, de las “Carnes”… Fue un hermoso momento, yo diría el más hermoso de todos mis carnavales. Fue, ciertamente, una noche inolvidable…

jsanmartin@shc.edu

3 Respuestas a “Inolvidable fue aquella Última Noche de Carnaval”

  1. Christopher J. Viscardi, S.J. dice:

    Bonita la conclusion. En cuanto al titulo: deberia de ser Mardi Gras (frances para Martes Gordo) en lugar de Mardi Grass (ingles para zacate o yerba).

  2. Maria Romp dice:

    Hola Padre,
    Buenas……I hope you are doing well. Very nice and very interesting. Thanks for sharing this.
    Prayers and Blessings
    Maria

  3. José Antonio Varela Vidal dice:

    Gracias, Padre, muy bueno. Te dejé un comentario en el artículo de Obama. Saludos, José A.

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