Comentario al 6to Domingo del T. O. - “B”, 12
Escrito por: jsanmartin en COMENTARIOS A LA LITURGIA DE LOS DOMINGOS“Señor, ¡cura la lepra de nuestra sociedad!”
Domingo 15 de febrero 2009
San Marcos 1, 40 al 45
Bienvenidos a nuestro encuentro dominical,
Que la Paz del señor sea con Ustedes
Hoy celebramos el sexto domingo del tiempo Ordinario del ciclo B. En este domingo vemos al Señor curar la lepra personal y la del mundo. En los grupos humanos descubrimos diversos niveles: los apreciados, los encumbrados, los marginados, los despreciados. A veces nos hemos sentido queridos por la gente, a veces despreciados o marginados. Y qué sensación tan terrible uno experimenta al sentirse marginado. Y, ¿cual es la actitud de Jesús frente a estos grupos? ¿Qué siente de los marginados, como actúa ante el mal de la sociedad? Jesús, a lo largo de su ministerio, se encuentra con muchos marginados, y los marginados por excelencia en su época eran los leprosos. Veámoslo actuar.
La lepra era una terrible enfermedad. Pero lo peor era que la pobre víctima era marginada completamente de la sociedad. Cuando alguien se le acercaba, tenía que gritar: -¡Leproso!…, para evitar que entraran en contacto con él. Cada vez que yo veía esto se me partía el alma. Así las cosas, un día en que Jesús pasaba por la ciudad, un leproso, con verdadera audacia se introdujo entre la gente y se arrodilló delante de Jesús:
- ¡Maestro, Maestro! Si tú quieres, puedes curarme!
Era un cuadro emocionante. Al ver al leproso muchos huyeron, pero Jesús, se le queda mirando, y ¡qué valentía, Dios mío!, a pesar de que la ley prohibía tocarlo, Él extendió el brazo y le tocó las carnes abiertas que se le caían a pedazos. Todos nos quedamos en silencio, y Jesús le dice:
- ¡Sí quiero! ¡Cúrate!…
Y en ese instante, a la vista de todos, la lepra desapareció.
Jesús había hecho algo que brotaba de la ley de su corazón. Había venido precisamente para sanar el mal del mundo y no podía apartarse ni desentenderse de él. No podía limitarse a dar un sano consejo, quedándose lejos del mal, ni tampoco decir que este era inmoral o insano. No podía limitarse a criticar el mal. El debía acercarse al mal porque bien sabía que el poder del bien y del amor doblegaría al del mal. Y en efecto, al tocarlo se produjo el efecto deseado. Y así fue. El mal cesó y Jesús puso de manifiesto su poder transformador.
Cuando uno era curado, tenía que presentarse al sacerdote de la Ley, para que diagnosticara sobre la curación. Jesús cumpliendo con esa Ley, envió al recién curado:
- Vete ahora al sacerdote para que testifique tu curación, lleva la ofrenda establecida, para que puedas así reintegrarte en la sociedad.
Y el hombre fue. Yo, al verlo alejarse, lleno ahora de felicidad y gozo y sin carnes malolientes, me quedé pensando. Qué corazón tan generoso y poderoso tiene Jesús. El mal sede ante su palabra. Y yo también empecé a sentir un deseo de ser mejor, de ser curada en mi vida espiritual. Quería purificarme. Pero también me preguntaba si algún día sería posible que se diluyera el mal de nuestra sociedad, la podredumbre que vemos alrededor, el odio, el enfrentamiento entre hermanos, las guerras. Me puse a soñar, ¿sería posible que este hombre tan sencillo que había curado la lepra de un hombre, pudiera curar también la lepra de nuestro pueblo?
Y este es precisamente el desafío que ahora se presenta a la Iglesia. La sociedad sufre también de una lepra fuertemente arraigada. La lepra del egoísmo, la explotación, la repartición injusta de los bienes. Y aunque hay intentos de sanarla con alianzas entre naciones, encuentros políticos, líderes, dictadores, guerras, los métodos se tornan ineficaces porque en el fondo se desea mantener la lepra ya que salvaguarda los intereses de los grandes.
Cristo, en cambio, sí quiere curar de raíz estos males, como lo demuestra hoy en el evangelio. Pero esto no significa que El volverá a realizar el milagro y nosotros lo contemplaremos cómo lo realiza. Amigos, el milagro de la curación de nuestra sociedad y de nuestra vida se realizará cuando estemos llenos de Cristo, cuando logremos encarnarlo en nuestra sociedad. Por eso un hombre de Dios es más eficaz para sanar una sociedad que miles ejércitos y bombas. Es necesario, entonces, que la palabra de Cristo y su presencia eucarística llegue a todos los ambientes que necesitan curación, porque solo así cederá la corrupción. “Uds. harán cosas mayores”, dijo el Señor. Tal es el caso de cuántos santos que han logrado solucionar problemas infectados por el mal en las personas y en los pueblos.
Señor, siento ahora la necesidad de ser un instrumento en tus manos para sanar la lepra de mi ambiente y de las personas que pasan por mi lado. Pero para eso, debo ser yo sanada primero. Debo superar tantos defectos de mi egoísmo, de mi indiferencia, de mis vacíos en mi relación contigo.
Comprendo por qué tu enviaste a ese leproso que se presente a la Iglesia. De leproso se transformó en agente de transformación. Yo también te pido humildemente Señor, que cures mis lepras personales para así poder transformarme en un agente de cambio, que cura en tu nombre el mal que doblega a nuestra humanidad. Haz de todos nosotros instrumentos de salvación.
Y ahora viene lo más importante
Y bien amigos, así terminamos la breve reflexión sobre el Evangelio de este Domingo.
Pero ahora viene tu encuentro personal con el Señor Jesús. Toma el evangelio en tus manos, San Marcos Capitulo 1 versículos 40 al 45 y escucha lo que el señor te quiere comunicar.
Quédate pues ahora a solas con El.
Agradecemos muy sinceramente el haber estado con nosotros.
¡Y nos despedimos hasta el próximo domingo en esta misma emisora

Entradas (RSS)
April 30th, 2009 a las 9:13 am
Estimado Padre: Muy linda la reflexión, me sirve para un retiro para jóvenes que estoy preparando. La posibilidad de rezar con el método ignaciano que tanto bien nos hace a muchos y deseamos que otros lo conozcan para enamorarse de Jesús y su proyecto.
Te cuento que soy una religiosa de Jesús María, actualmente viviendo en la comunidad de Corrientes, Argentina. Estamos muy ligadas a la espiritualidad de ustedes.
Con mi cariño y oración.
En Jesús y María. Celsarjm
Estimada Celsa::
Gracias por tu comentario y me uno en oración a tu retiro. El Señor te envía a ellos en su nombre a fin de iluminar sus problemas e inquietudes. Te recomiendo que también leas la primera lectura de la Misa de hoy jueves 30, Hechos 8:26-40. Igual que a Felipe, ahora te envía a ti.
Nos seguimos comunicando
Con un abrazo muy cordial
Javier San Martín, S.J.
jsanmartin@shc.edu