Comentario al 5º Domingo del T.O. - “B”,11
Escrito por: jsanmartin en COMENTARIOS A LA LITURGIA DE LOS DOMINGOSUn día Ordinario en la Vida del Señor Jesús
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Domingo 08 de febrero 2009
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San Mateo 1, 29 al 39
Bienvenidos a nuestra cita dominical,
Que la Paz del señor sea con Ustedes
Hoy celebramos el 5° domingo del tiempo Ordinario del ciclo B. El Evangelio es una jornada completa de trabajo de Nuestro Señor Jesucristo. A través de él, podemos acompañar a Jesús y ver qué hace en un día ordinario de su vida, desde la mañana a la noche y, al mismo tiempo, conocer cuál es la misión que Él ha venido a realizar. Ese día, Jesús esta en Cafarnaúm, la pequeña ciudad junto al lago de Galilea, en donde vive su amigo Pedro. Acompañémosle y veamos qué hace.
Aquel día era sábado, y como de costumbre Jesús fue temprano a la sinagoga. Allí estuvo escuchando las lecturas y comentarios de la Biblia, como también, haciéndolos El mismo. A la gente le gustaba escucharlo. Siempre ponían mucha atención a sus palabras porque hablaba con claridad y autoridad y utilizaba muchas comparaciones.
Hacia medio día se retiró a casa de su amigo Simón Pedro para almorzar y descansar un poco. Pero ese día se encontró con una sorpresa: la suegra de Simón estaba con fiebre muy alta desde hacía varios días. Jesús, entonces, se acercó y con cariño le dijo: - ¿Qué pasa, mujer?… Ella, incómoda con la enfermedad, se limitó a decir: -”fiebre, fiebre muy alta”. Jesús, entonces, la miró tiernamente y tomándole la mano, le dijo: levántate, estas curada. Ella, más sorprendida que nadie, repentinamente se sintió bien. Se puso en pié. Todos la miraban sorprendidos. Y ella agradeciendo a Jesús, se dirigió a la cocina y se puso a servir a la mesa. La alegría en la casa fue grande, no solo porque veían a la señora sana, sino también porque podían comer bien.
y la voz empezó a correrse entre los vecinos y amigos: - ¡Vengan, vengan a casa de Simón, ¡Jesús de Nazaret, hay que ver qué milagros está haciendo!… Y al atardecer de aquel día antes de que el sol se esconda en el Lago, delante de la casa de Simón Pedro se había reunido un numeroso grupo de gente. Todos venían a buscar a Jesús con algún problema. Jesús comenzaba a cumplir la misión para la que había venido. Sanar, perdonar, enseñar. El había venido precisamente para los pecadores, para los que padecían dolencias físicas y para los que sufrían injusticias. Con el poder de Dios había venido a atender las necesidades de los hombres
La gente se agolpaba a la puerta.: - ¡Señor, cura a mi hijo!… ¡Mira a este pobre endemoniado, que no nos deja en paz!… Mira, Señor… Y Jesús salió a atenderlos, y empezó a realizar muchos prodigios. Luego, cuando por fin la gente se retiró y llegó la calma de la noche, se fue a descansar. Había sido un día tan fatigoso. Al día siguiente, antes de que amanezca, Jesús silenciosamente se fue a una de las colinas cercanas. Cuando llegaron las primeras luces de la aurora lo encontraron orando. Tenía una verdadera necesidad de hablar con su Padre Dios, de desahogarse. Pero en cuanto despertó el día, nuevos grupos de gente empezaron a llegar a la casa de Simón quien se dio cuenta que Jesús no estaba en casa. Con sus compañeros, salió a buscarlo, hasta que lo encuentran rezando, solo, en lo alto del monte. -¡Señor, vamos a casa! No sabes cómo te busca la gente. Pero Jesús le dijo: - No; Vamos a otros poblados, pues para ellos también he venido.
Este fue un día de Jesús. Un día ordinario que sintetiza admirablemente toda su misión como también la misión de la Iglesia. Cambian los tiempos y con ellos, las formas de acción, pero la misión es la misma: predicar la Buena Nueva de la salvación, curar la enfermedad moral del mundo, instaurar el Reino de Dios. Y para ello, hay que acudir constantemente a la oración.
Yo quiero unirme hoy a esta misión de Cristo. Quiero anunciar cada día la Palabra del Señor. No podemos callar. Su voz ha de llegar hasta los confines de la tierra. Debemos llevar la Palabra de Jesucristo a todos los ambientes de nuestra vida con la predicación y el ejemplo. Cuando uno tiene la Palabra de Dios metida en el corazón, siente la necesidad de anunciarla. Quiero también trabajar para erradicar el mal del mundo. Cuando Jesús cura la fiebre o la lepra o la ceguera…, indica que ha venido a curar otras enfermedades peores y malignas, las enfermedades de las actitudes que matan a la humanidad. Y para esto, me comprometo a orar, orar mucho porque sin la oración nada podré hacer. Señor, cuenta conmigo, cuenta con nosotros.
Lo más importante
Y bien amigos, así terminamos la breve reflexión sobre el Evangelio de este Domingo.
Pero ahora viene tu encuentro personal con el Señor Jesús. Toma el evangelio en tus manos, San Mateo Capitulo 1 versículos del 29 al 39 y escucha lo que el señor te quiere comunicar.
Quédate pues ahora a solas con El.
Te agradecemos muy sinceramente el haber estado con nosotros.
¡Y hasta el próximo domingo!


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