harapiento-a.jpg  Hoy fui a la lavandería llevando varias piezas de ropa. Como siempre, la señora de color me atendió y, casi mecánicamente, me dio el ticket: mañana a la cinco.

Tenía mi carro estacionado frente a la lavandería. Abrí la puerta, me senté y estaba a punto de arrancar cuando un negro, pobre, que venía caminando lentamente, me llamó la atención. Tenía las barbas blanco grises, como suelen ellos llevarla, y traía en una mano un recipiente con agua que iba chorreando sin darse cuenta y en la otra un trapeador. Se le notaba cansado. Sus ropas eran sucias, pobres, rotosas. Cuando se percató que el agua iba chorreando, trató de poner el cubo a nivel, pasó frente a mí y siguió adelante con su lento caminar. No duró ni dos minutos el tiempo que mis ojos contemplaron esta inesperada escena pero, ciertamente, ella me perturbó. Son de las cosas que entran rápidamente en tu corazón.

Yo acababa de dejar mi ropa sucia en la lavandería que, en comparación con la que él llevaba, era súper limpísima. A este hombre no le daba ninguna vergüenza mostrarse con esa ropa, que quizás sea la única que tendría, y que nunca la habría lavado, ni tampoco el cuerpo que cubría. Solo llevaba un poco de agua sucia con la que habría trapeado algo para ganarse algunos dólares. Sentado en mi carro, yo empecé a sentir muy hondo el mensaje sin palabras que estaba contemplando. Anoche en el parqueadero de Wal Mart mi imaginación me hizo contemplar este inmenso mundo con tantas y tantas personas, en tantos países, ciudades y rincones, todos llevando su propia carga, a veces secreta, pero siempre molesta.

Siento, Señor, que tu mensaje de esta tarde fue a mi comodidad a mi egoísmo, a mi deseo de aparecer, cuando a tus ojos tal vez los importantes sean los que se arrastran por la vida, los que pasan desapercibidos o despreciados, por ser pobres, sucios, malolientes.¿Quiere decir, Señor, que esta tarde pasaste delante de mi cargando un cubo de agua sucia con un vestido roto y sucio? ¿Eras tú, Señor? ¿No eres tú el que contemplo en el verde hermoso de la naturaleza, en los reflejos del agua azul del mar y del lago, con frecuencia? Lo único que ahora siento es que tu paso delante de mis ojos me ha hecho comprender que a través de apariencias externas no atractivas, de rostros pobres y harapientos, de circunstancias desagradables, tú pasas frente a nosotros, en el momento menos esperado, para decirnos que a pesar de nuestro egoísmo, nos sigues amando.

Que haga realidad el mensaje que hoy me has dado, que logre el perfil que tú esperas de mí, y que nunca olvide que hoy pude verte en aquel hombre que pasó junto a mí llevando un cubo de agua. �

4 Responses to “EL HARAPIENTO”

  1. Clara says:

    La mejor manifestación creer en Dios y la segunda encontrarlo y la tercera darle la cara, pero no para mirarlo si no darle fe de la caridad y el amor que sentimos por los demás ayudando el prójimo, por que Dios esta en todo lo bueno, en lo simple, en lo complejo, en lo efímero

  2. BETEL says:

    Qué gracia tan grande reconocer a Jesús, en cualquier persona que pasa a nuestro lado. Aunque no podamos hacer nada en ese momento, el RECONOCERLO, el tomar conciencia de que está !!!! presente… en todos los que encontramos, nos ayuda a pedir que “ellos” también reconozcan su AMOR, que está en los más pobres y humildes, qué está!!! en nosotros, en todos, aunque el pecado los mantenga olvidados de SU presencia. Que lo recordemos por tantos que no saben que EL es la VIDA, la vida terrena y la eterna.

  3. Eduardo Barrantes says:

    Estimado Padre Javier:
    Para todos los que meditemos la historia que nos comparte le pido a Dios la gracia de no abandonarla con la misma sensación del Joven rico del Evangelio y que seguramente todos recuerdan. Comprendió la radicalidad del mensaje de Jesús pero como le pareció demasiado para él se marcho lleno de tristeza.
    Por eso pido que al terminar de reflexionarla, el Señor nos regale la alegría de saber que hemos sido llamados a liberar a muchos Cristos sufrientes.
    Dios lo Bendiga y gracias por su mensaje.

    Estimado Eduardo:
    Cuánta razón tienes. Es un desafío que no podemos dejarlo pasar.
    P. Javier

  4. Luis Lombardi says:

    Javier: me parece que te quedás corto en el comentario. Jesús dice, en Mt. 25, “cualquier cosa que hagan aunque sea al más pequeño, me la hacen a MI”. Por lo tanto, allí, desde mi parecer, falta una acción concreta hacia ese prójimo. No sólo reflexionar sino actuar. Hay mucha pobreza a nuestro alrededor que espera que hagamos algo, alguito: “aunque sea un vaso de agua…” porque si no actuamos, si no amamos, nos quedamos en hermosas reflexiones, y no iluminamos el mundo, no lo cambiamos con nuestro amor concreto.

    <em>Querido Luis.
    Tienes toda la razón. Hay el peligro de quedarse en la contemplación pero nos da pereza pasar a la acción. Pero es allí en donde se demuestra el AMOR, como dice San Ignacio en los Ejercicios: “el amor se pone más en las obras que en las palabras”.
    Javier</em>

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