¿Quién es aquel que viene y para qué viene?

San Marcos 1, 1-8

Estimados amigos,

Hoy la Iglesia se viste de color morado para celebrar el Segundo Domingo de Adviento del ciclo B. En este domingo nos podemos preguntar: ¿Por qué quiere Jesús venir al mundo en la próxima Navidad? Vemos que el mundo se ha alejado de Dios. El pecado, las luchas entre hermanos, las explosiones y miserias resuenan por todas partes, y ante estas noticias casi diarias ya nos volvemos indiferentes y brotan solo lamentos de los corazones más afectados. Y todos, de una u otra manera se interrogan: ¿No habrá salvación posible? ¿Llegará un día en que acabe toda esta desolación y odio?

 
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Hoy viene San Marcos a darnos con las primeras palabras de su Evangelio una esperanza cierta. Él viene a decirnos que con toda seguridad no hay lugar para nuestra desesperación, porque Dios nos quiere salvar. Y comienza así su escrito encantador, repitiendo las palabras de Pedro, de quien es discípulo y secretario:

“- Principio del Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios”.

 ¿Somos capaces de desentrañar la riqueza de estas cinco palabras?… En cuanto las dice, San Marcos nos presenta al pregonero que aparece en el desierto, junto a las márgenes del Jordán. Es el austero profeta Juan Bautista, que anuncia:

Soy el mensajero que viene a preparar el camino del Señor. ¡Conviértanse para que vuestros pecados sean perdonados! El que viene detrás de mí es más fuerte que yo, que os bautizo con agua, pero Él os va a bautizar con Espíritu Santo.

En el antiguo Oriente, cuando un rey iba a visitar los pueblos se hacía preceder por el pregonero, que iba anunciando en alta voz: - Preparen los caminos para que corra sin dificultad la carroza del rey, ¡porque él viene a visitarles!
Este es el papel de Juan: anunciar a Jesús que llega, y con Él la salvación de Israel y del mundo entero. En las primeras palabras de San Marcos y en las de San Juan podemos ver, con gran gozo, sintetizado todo el proyecto de amor que Dios tiene para nuestra salvación. ¡Principio!, nos dice Marcos. Es decir, todo lo anterior ya ha pasado. Ahora, debemos poner nuestros ojos en lo que viene. Y esto que dice al mundo es un santo y seña para todo creyente. Al judío de su tiempo le venía a decir que se dejase ya de la ley antigua, que no era sino una preparación para lo que tenía que venir. Igual que le dice hoy al cristiano:

-¡A dejarse de todo lo anterior, que no te ha traído más que angustia! ¿Qué ha sido tu vida pasada? ¿Dolor? ¿Pecado? ¿Miedo a Dios?… ¡Empieza a levantar los ojos a la esperanza!

Porque te comunico la Buena Noticia, y una noticia buena es siempre causa de gran alegría. ¡Buena Noticia! Esto significa la palabra Evangelio, el Evangelio que yo te voy a enseñar. ¿Y como no va a ser Buena Noticia, si este Evangelio es Jesucristo? Jesús, el Cristo, es el Evangelio, el Evangelizado y el Evangelizador. La Persona de Cristo encarna el Evangelio. Porque Él es la Palabra de Dios, la Verdad de Dios, el gran mensaje de Dios. Con Jesucristo nos ha dicho Dios todo, y ya no tiene nada más que comunicarnos. Jesucristo es la última palabra que Dios ha podido dirigir al mundo. Entonces, no busquéis nada más que a Jesucristo, pues todo el que venga detrás arrogándose el título de Maestro y Salvador, es un mentiroso.

Este su Evangelio te lo va a enseñar el mismo Jesús. Porque sólo Jesucristo es capaz de conocerse y de revelarnos quién es El. Después, nosotros iremos repitiendo lo que El nos enseñó de su Persona, de su misión y de sus enseñanzas. El Evangelizador primero es el mismo Jesucristo.

Del mismo modo, Jesucristo es también el Evangelizado. Todo lo que nosotros enseñamos no es más que la Persona de Jesucristo. Como Pablo, nos gloriamos de no conocer más que a Jesucristo y de anunciar a Jesucristo solo. ¿Cómo podría ser de otra manera, si Jesucristo es el Hijo de Dios? Aquí está todo. Y en el mundo de hoy, por desgracia, son muchos los que despojan a Jesús de su primera prerrogativa. Lo quieren un superhombre, un revolucionario social, un ejemplar dechado de toda perfección, el hombre más cabal que ha existido. Pero, eso de que sea Dios ya es otra cosa. Esto, ya no lo pueden aceptar. Contra esa tendencia tan peligrosa y tan perniciosa, nosotros alzamos vigorosamente nuestra voz y proclamamos: -¡Jesucristo es Dios, Hijo del Padre, Dios verdadero de Dios verdadero!

Siendo esto así, nosotros queremos ser como Juan el Bautista: unos anunciadores que van siempre proclamando y testificando el Evangelio, que es el mismo Jesús. Como Juan, señalamos con el dedo a Jesús ante todos los que nos ven y nos oyen, y les decimos:

Queremos una vida nueva, digna de Jesucristo, el Rey y Salvador que nos viene.

Invitados a la conversión, nos volvemos decididamente a Dios, para formar y ser de veras su pueblo santo, que observa la ley divina de la gracia, de la pureza, de la justicia y del amor.
El Evangelio es la buena y gran Noticia anunciada por Dios. ¡La salvación la ha puesto en nuestras manos! La tristeza no cabe en nuestros corazones.

Jesucristo, el Hijo de Dios, es la cifra de nuestros ideales. En Jesucristo lo tenemos todo: el Camino que nos lleva seguros hasta el fin, sin desviarnos ni a la derecha ni a la izquierda y sin pérdida posible hasta dar con la frontera de la Patria. Es la Verdad que no miente, y no permite que nuestras mentes se oscurezcan con las nubes del error. Es la Vida que no muere, porque lleva entrañada la eternidad de Dios.

Y ahora viene lo más importante:

 Y bien amigos, así terminamos este breve comentario sobre el evangelio del domingo.
Pero ahora viene lo más importante: tu encuentro personal con el Señor Jesús. Toma, pues, el evangelio en tus manos, San Marcos, Capítulo 1, versículos del 1 al 8 y trata de sentir lo que el Señor te quiere decir.
Quédate pues ahora a solas con El y cuenta con nuestras oraciones.
Te agradecemos muy sinceramente el haber estado con nosotros,
¡Y te esperamos el próximo domingo!.

 

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