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2008
COMENTARIO A LA MISA POR LOS FIELES DIFUNTOS – (O2 nov ’08)
Escrito por: jsanmartin en COMENTARIOS A LA LITURGIA DE LOS DOMINGOSLas benditas almas del purgatorio
Estimados amigos:
Bienvenidos a nuestro encuentro dominical para celebrar juntos el día del Señor.
Hoy la Iglesia universal conmemora a los Fieles Difuntos, hombres y mujeres de todos los tiempos que pasaron sus días en esta vida con justicia y temor de Dios pero que ahora están en vía de purificación en el Purgatorio. Para entender esta doctrina y esta práctica de la Iglesia es preciso recordar que el pecado tiene una doble consecuencia.
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El pecado grave nos priva de la comunión con Dios y por ello nos hace incapaces de la vida eterna, cuya privación se llama la ‘pena eterna’. Por otra parte, todo pecado, incluso venial, entraña apego desordenado a las criaturas que es necesario purificar, sea en esta vida, sea después de la muerte, en el estado que se llama PURGATORIO. Esta purificación libera de lo que se llama la ‘pena temporal’ del pecado.
Estas dos penas no deben ser concebidas como una especie de venganza, infligida por Dios desde el exterior, sino como algo que brota de la naturaleza misma del pecado. Una conversión que procede de una ferviente caridad puede llegar a la total purificación del pecador, de modo que no subsistiría ninguna pena. “En el intercambio admirable de la comunión de los santos, la santidad de uno aprovecha a los otros, más allá del daño que el pecado de uno pudo causar a los demás. Así, el recurso a la comunión de los santos permite al pecador contrito estar antes y más eficazmente purificado de las penas del pecado. “Mediante las indulgencias, los fieles pueden alcanzar para sí mismos y también para las almas del PURGATORIO la remisión de las penas temporales, consecuencia de los pecados.”
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Desde los primeros tiempos, la Iglesia ha honrado la memoria de los difuntos y ha ofrecido sufragios en su favor, en particular el sacrificio eucarístico. La Iglesia de Roma incorporó esta fiesta en su calendario litúrgico en el siglo XVI y la extendió a toda la Iglesia Universal. El Papa Benedicto XV concedió que en este día los sacerdotes pudieran decir tres misas en sufragio de las almas del purgatorio. Hoy pues, la Iglesia se une a todos los fieles que elevan sus oraciones a Dios por las almas de sus familiares y amigos que están en el purgatorio, y con ellos ora para que Dios de a las benditas almas del purgatorio el gozo eterno.
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El culto a los muertos es uno de los más antiguos. Ya San Pablo en su primera carta a los Corintios decía: “Hermanos, les voy a revelar un misterio: no todos vamos a morir, pero todos seremos transformados. En un momento, en un abrir y cerrar de ojos, cuando suene la trompeta final, los muertos se levantarán incorruptibles para no volver a morir.
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Fieles difuntos, ustedes son nuestros hermanos que nos han precedido en el paso del umbral de la eternidad, Sabemos por fe que ustedes están ahora en el lugar de purificación el purgatorio, esperando poder gozar de Dios eternamente. Hoy, nos acordamos de ustedes que están en proceso hacia esa liberación final. Uds. sufren los tormentos purificadores que, a juicio de los teólogos, son de tal magnitud, que nadie en la tierra los ha sufrido ni podría soportarlos. Porque Dios los puso a prueba, y los halló dignos de sí: los probó como oro en crisol, los recibió como sacrificio de holocausto.
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Sabemos que en su corazón resuenan ahora, con más fuerza que en vida, las palabras del salmista: “Una cosa pido al Señor y esa buscaré: habitar en la casa del Señor por los días de mi vida; Espero gozar de la dulzura del Señor contemplando su templo, gozar de la dicha del Señor en el país de vida”. Pero Uds. mismos nada pueden hacer para lograr ese deseo y salir del purgatorio. Somos nosotros, los que con nuestras oraciones y plegarias podemos interceder por Uds.
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En la experiencia del segundo libro de los Macabeos capítulo 12, se inició esta hermosa costumbre. Leemos: Los soldados de Judas fueron a recoger los cadáveres de los caídos en combate. Pero debajo de la ropa de los muertos encontraron objetos consagrados a los ídolos. Todos, entonces, hicieron una oración para pedir a Dios que perdonara por completo el pecado que habían cometido.
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Esta costumbre ha sido confirmada por los concilios de la Iglesia. Por eso el catecismo enseña: “El sacrificio eucarístico es ofrecido por los fieles difuntos «que han muerto en Cristo y todavía no están plenamente purificados» (182), para que puedan entrar en la luz y la paz de Cristo”. Enterrad este cuerpo en cualquier parte; solamente les ruego que, dondequiera que os hallaréis, se acuerden de mí ante el altar del Señor (183), Santa Mónica a San Agustín.; conf. 9, 9, 27.
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Por eso, hoy, queridas almas del purgatorio, queremos ofrecer por Uds. nuestras oraciones y sacrificios, el rosario y, especialmente, la Santa Misa para que pronto descansen en el Reino eterno de Dios. Nos alientan las palabras de San Pablo a los Romanos: “La prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros. ¡Con cuanta más razón, pues, justificados ahora por su sangre, seremos por Él salvados de la cólera! Nos consuela volver a escuchar en San Juan el deseo de Jesús: “Padre, los que tú me has dado, quiero que donde yo esté estén también conmigo, para que contemplen mi gloria, la que me has dado, porque me has amado antes de la creación del mundo”.
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November 2nd, 2008 a las 4:37 am
muy bueno el comentario muy util para mi porque pude armar mi guion de misa gracias padre
November 2nd, 2008 a las 8:57 am
Gracias Selva Silva por tu comentario. Cuenta con mi oación por ti y tu comunidad
November 18th, 2008 a las 8:27 pm
Estimado Javier:
Me atrevo a decir, que lo màs reconfortante resulta ser la posibilidad de reinvindicarse o de limpiar de alguna manera, aquello malo que se pensò o se hizo. Visto asì resulta una especie de prueba de la misericordia divina.
Un fraternal abrazo
Juan Manuel